miércoles, 9 de octubre de 2019

Para el mes de las brujas


El sabueso (fragmento)

Del libro –antología del terror-
(H. P. Lovecraft)

….Al siguiente día, envolví cuidadosamente el amuleto de verde jade y zarpé para Holanda. No sabía qué misericordia  podía ganar  al regresar esta cosa ha su silencioso y durmiente dueño; pero sentí que al menos debía intentar todas las opciones concebiblemente lógicas. Qué era el sabueso y porqué me perseguía, eran preguntas todavía demasiado vagas; pero había escuchado el aullido por primera vez en el camposanto de la iglesia y cada evento subsecuente, incluida la muerte de St. John y sus últimas palabras, habían servido para conectar la maldición con el hurto del amuleto. Consecuentemente, me hundí en el más profundo de los abismos de la desolación cuando,  en una posada de Rotterdam, descubrí que unos ladrones me habían robado de esta única posibilidad de salvación.

El aullido se escuchó con fuerza aquella noche y por la mañana leí sobre un inenarrable suceso en la parte más vil y sórdida de la ciudad. La gentuza estaba aterrorizada, pues un maligno ocupante había descendido una muerte roja, más allá del más atroz de los crímenes del vecindario. En  la mugrienta guarida  de los ladrones, una familia completa había sido despedazada por una cosa desconocida, que no dejó pistas detrás de sí. La gente en las inmediaciones escuchó durante toda la noche, sobre el barullo habitual de voces borrachas, una débil, profunda e insistente nota, como si fuese de un sabueso gigante.

Por fin estaba parado en aquel malsano camposanto donde la pálida luna invernal arrojaba horrendas sombras y los árboles deshojados  colgaban resentidos para encontrarse con el marchito y congelado pasto y las derruidas lápidas y la iglesia, cubierta de enredaderas, apuntaba su dedo burlón hacia el hostil cielo y el viento nocturno aullaba maníacamente  desde los congelados pantanos  y los frígidos mares. El aullido era muy tenue ahora y se detuvo por completo cuando me aproximé a la antigua tumba que alguna vez había violado, atemorizado por la anormalmente grande cantidad de murciélagos que flotaban ha su alrededor.

No sé por qué me dirigí hacia allá  si no era para rezar, o para farfullar enloquecidas súplicas y disculpas hacia la serena cosa blanca que yacía dentro; pero, fuera cual fuese mi razón, ataqué la tierra congelada con una desesperación en parte mía y, en parte,  una que dominaba  mi voluntad desde el exterior. La excavación fue más sencilla de lo que esperaba, aunque a cierto punto me encontré con una rara interrupción, un delgado buitre  descendió del frío cielo y picoteó frenéticamente  la tierra hasta que lo maté con un golpe de mi pala. Finalmente, alcancé la caja oblonga podrida y removí la húmeda cubierta nitrosa, fue el último acto racional que jamás llevé a cabo.

Escondido dentro de aquel antiguo ataúd, abrazado por un  apiñado séquito de pesadilla de enormes, nervudos y durmientes murciélagos, estaba el esqueleto al que mi amigo y yo habíamos robado; no estaba limpio y plácido  como lo habíamos visto, sino cubierto de sangre  coagulada y retazos de carne y cabello ajenos y miraba conciente y maliciosamente hacia mí con sus cuencas fosforescentes  y con sus afilados y ensangrentados colmillos bostezando retorcidamente como una burla de mi perdición inevitable. Y cuando aquella sonriente mandíbula  dejó escapar un profundo y sardónico aullido, como el de algún sabueso gigante, vi que sostenía en su ensangrentada  y sucia garra el perdido y funesto amuleto de verde jade, yo solamente grité y corrí como un idiota, con mis alaridos disolviéndose rápidamente en estallidos de una risa histérica.

La locura cabalga el viento de las estrellas…garras  y dientes afilados durante siglos en cadáveres…escurriendo muerte ha su vaso el vacanal  de murciélagos de la ruina negra como la noche de los templos enterrados de Belial…Ahora, mientras el aullido de la muerta y descarnada  monstruosidad crece fuerte y más fuerte y el furtivo aletear y zumbar de aquellas malditas alas de telaraña da círculos cada vez más estrechos, buscaré el olvido con mi revolver, que es el único refugio contra lo innombrable e inenarrable.


Del libro de la convivencia


Con las autoridades
Las autoridades tienen una importancia y un poder que le han sido otorgados por la comunidad y por lo tanto, su deber proteger y ayudar a los ciudadanos.
Debemos respetar a las autoridades y colaborarles para que podamos convivir con orden y justicia. También es nuestra obligación denuniar todo tipo de abuso de autoridad o negligencia por parte de quienes  se encargan de hacer cumplir la ley.
Un rey razonable
¿Puedo sentarme?”, preguntó tímidamente el principito, “Te ordeno que te sientes”, le respondió el rey, cogiendo majestuosamente un faldón de su manto de armiño.
“Me gustaría ver  una puesta del sol…deme ese gusto…ordénele al sol que se ponga”, pidió el principito.
Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor  como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejercitase la orden recibida, ¿De quién es la culpa, mía o de él. “La culpa sería de usted”, le dijo el principito con firmeza. Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno  puede dar”. Continuó el rey. “La autoridad reposa principalmente en la razón”. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables”, ¿entonces mi puesta del sol?”, recordó el principito, que jamás olvidaba su pregunta una vez que la había formulado.
Tendrás tu puesta del sol. La exigiré .Pero, según me dicta mi ciencia de gobernante, esperaré hasta que las condiciones sean favorables”. ¿Y cuándo será eso?” “¡Ejem, ejem!”, le respondió el rey, consultando previamente un enorme calendario. “¡Ejem, ejem!” será hacia… las seis de la tarde. Ya verás cómo se me obedece
(Tomado de “El principito. Antoine de Saint exupéry)
¿Quién manda a quién?
Los pueblos y las ciudades son gobernados por alcaldes; los departamentos por gobernadores. Las fuerzas armadas tienen autoridad en todo el territorio nacional, pero, ellos a su vez, obedecen al Ministro de la defensa. Hay autoridades encargadas  de velar por la salud, la educación, la agricultura, el tránsito y el trabajo. En todas las circunstancias siempre hay alguien encargado de poner orden y de hacer cumplir las normas. La máxima autoridad del país es el presidente y el deriva su poder de la elección ciudadana, por lo tanto, somos nosotros mismos los que designamos a nuestros gobernante
·         La autoridad es muy diferente al poder limitado. Algunas personas pueden dominar o esclavizar a otras sin que  por ello tenga mínima autoridad. Es posible que los demás  las obedezcan, pero si la razón por la cual siguen sus instrucciones  o sus órdenes es el miedo, entonces estamos frente al polo opuesto de la autoridad: la tiranía.
·         La autoridad se entiende, entonces, como el derecho legítimo de gobernar que se le ha concedido a ciertas personas o instituciones, para que dirijan las  diferentes actividades  de acuerdo con leyes justas y sensatas. El poder que se deriva  de la autoridad está acompañado  por el respeto y la admiración hacia esas personas que se preocupan por el bienestar de la comunidad y por lo tanto, cualquier acto de  crueldad, de extralimitación o de deshonestidad en el que incurran, hace que esa autoridad desaparezca y se convierta en un mandato ilegítimo y peligroso que pone en riesgo la estabilidad y la armonía de la sociedad.
·         La convivencia con las autoridades debe ser, entonces una relación de respeto mutuo y de constante vigilancia para que todos cumplamos las leyes y defendamos los derechos fundamentales.

Entre líneas
Una cuestión de legitimidad
“En nuestra sociedad se considera legítimo que el gobierno requiera que paguemos impuestos, pero ilegítimo que un asaltante demande nuestra cartera a punta de pistola. Los sociólogos se refieren al poder legítimo como “autoridad”.
La autoridad es el poder que depende del reconocimiento de que una persona tiene derecho de tomar  ciertas decisiones por los demás. Mientras que el poder  depende solo de la fuerza, la autoridad depende  de ideas de lo que  es correcto (……) La legitimidad del gobierno descansa en el reconocimiento de las personas  de un sistema de reglas  formales explícitas.
Estas reglas  especifican quien  tiene el derecho de tomar cuales decisiones  y bajo qué condiciones.
Derechos y deberes
De las autoridades
·         Cumplir cabalmente  las funciones que le competen y para los cuales fueron designadas.
·         Ser ejemplo de civismo, de honestidad y de solidaridad.
·         Conocer las posibilidades  y las limitaciones  de sus respectivos cargos o funciones.
·         Tratar, en lo posible  de prevenir en vez de castigar.
·         Escuchar a los ciudadanos.
·         Actuar coordinada y armónicamente con otras autoridades.
·         Respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos.
·         Ha que se respete la dignidad propia de su autoridad.
De los ciudadanos
·         Exigir a las autoridades que cumplan sus funciones  de manera íntegra y eficaz.
·         Protestar ante los excesos  y maltratos de los funcionarios.
·         Obedecer  las indicaciones y los mandatos de las autoridades legalmente constituidas.
·         Colaborar con las autoridades, de tal forma  que se les facilite la misión de velar por nuestro bienestar.
·         Respetar,  de palabra y de acción, a las personas encargadas  de hacer cumplir la ley.
·         Exaltar y reconocer a las personas que han cumplido valerosa y dignamente  las funciones propias  de su cargo. Resulta de elemental justicia premiar los comportamientos ejemplares de aquellas personas  que han ido más allá  del simple cumplimiento de su deber y han tenido comportamientos altruistas o heroicos.
Favorece la convivencia con las autoridades
·         Dialogar. Estar dispuestos a escuchar a las autoridades y estar, también, permanentemente en comunicación con ellas. Cuando los ciudadanos  y las autoridades dialogan, se evitan las  arbitrariedades  y se previenen muchos delitos  y amenazas contra la ciudadanía.
·         Estar al tanto de las funciones de las diferentes autoridades y conocer  hasta donde llegan sus poderes  y su capacidad de intervenir.
·         No esperar a ser sancionados  para comenzar a respetar las normas. Actuar de manera cívica y conciente  es una forma de  evidenciar nuestra madurez y nuestro derecho a llamarnos miembros  de una comunidad.
·         No buscar la manera  de evitar las sanciones acudiendo a la famosa “viveza” que tantos problemas acarrea  a una comunidad donde  cada cual cree que ser  responsable y solidario es ser tonto o cobarde.
·         Informar oportuna y verazmente  a las autoridades. Las falsas alarmas y las calumnias  son una forma de delito que distrae a las autoridades  de sus reales responsabilidades  y deja desprotegidos  a los ciudadanos que sí están en peligro real.
·         No imponer la ley por nuestra propia mano.
·         Las autoridades han sido creadas, precisamente  para evitar la ley del talión  que cambia la justicia por la venganza  y crea una serie  inacabable de  retaliaciones y odios.
·         Educar a nuestros hijos  y a nuestros alumnos  en el respeto y la admiración por las autoridades, ya que ellas representan  nuestro avance en el grado de civilización, ya que ellas representan nuestro avance en el grado de nuestra capacidad de solucionar, inteligentemente, las dificultades  propias de la convivencia.
·         No enfrentarlas como enemigos. Ellas son nuestras aliadas en la difícil tarea  de construir vida ciudadana

Perjudica la convivencia con las autoridades
·         La desinformación. Las autoridades que permanecen aisladas de la ciudadanía tienen grandes dificultades a la hora de cumplir sus funciones  y son más `propensas  cometer abusos  y extralimitaciones.
·         El no acatamiento de las normas. Las leyes, al contrario de lo que se afirma ingenuamente, sí  han sido hechas para cumplirlas y no respetarlas trae, inevitablemente dolorosas consecuencias.
·         El desconocimiento de las normas y leyes  que rigen nuestras actividades. Si deseamos  que se respeten  nuestros derechos, lo más elemental es conocer las reglas  de juego que la sociedad ha establecido.
·         La incoherencia. Sí exigimos el cumplimiento de las normas , no podemos pretender que se hagan excepciones  con nosotros mismos o nuestros allegados. La ley es como un dique  que puede venirse abajo a base de pequeñas filtraciones.
·         La visión equivocada de que las autoridades  son dueñas de nuestras vidas  y que pueden disponer de nosotros y de nuestros bienes a su antojo. Este concepto es el que lleva a convertir a los funcionarios  en enemigos de la comunidad. Cuando las autoridades  caigan en esta actitud  es nuestro deber denunciarlas.
·         Remitir nuestros problemas a las autoridades.
·         No todos los sucesos  de la comunidad atañen  a las autoridades y la mayoría pueden ser  y deben ser solucionados  por nosotros mismos.
        
Respeto no temor
Tener autoridad no es ser autoritario, es decir, actuar  por la fuerza  sin tener en cuenta  la opinión de los demás
La autoridad se gana infundiendo respeto y no temor. Los colombianos esperamos  eso de nuestras autoridades; respeto. Y si además  recibimos un trato cálido y afectuoso, sobre todo los niños, ese respeto crecerá  y se transformará en confianza  y solidaridad.
Esperamos, pues, unas autoridades que se preocupen  por nuestro bienestar.

Tomado de: El libro de la convivencia….Editorial EL TIEMPO




Para el mes de las brujas

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